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Amy Adams es el prototipo de chica lo suficientemente atractiva como para cautivar al público masculino sin que la parroquia femenina deje de identificarse con ella. Su apariencia pizpireta y su carácter cercano la convierten en una perfecta aspirante a la sucesión de Meg Ryan o Julia Roberts en el trono de la comedia romántica, ahora que estas se han quedado un poco talluditas. Solo en este contexto podemos entender la existencia de Tenías que ser tú.
Y es una lástima que no se hayan aprovechado más las dotes de la intérprete para la comedia física, ya que la escena en que todo lo que hay la habitación se derrumba a su paso es sin duda la más graciosa de la película. Aunque es más digno de lamentar la absoluta falta de riesgo de la propuesta, tan tremendamente previsible y falta de chispa que asusta. El molde de Sucedió una noche se podrá usar todo lo que se quiera, pero lo que no están fácil de reproducir es el aura que tenía el film de Capra (no estoy muy seguro, pero creo que esta última frase tiene algún tipo de relación con las teorías de Walter Benjamin).

Tenías que ser tú recurre a una leyenda irlandesa para articular una comedia romántica protagonizada por la excelente Amy Adams y el algo soso Matthew Goode. Según la tradición, las mujeres pueden pedir la mano a sus novios una vez cada cuatro años, el 29 de febrero de un año bisiesto. Ésa es la excusa argumental de esta película sobre una mujer que acude a buscar a su prometido a Dublín, pero, cosas del destino, termina en una pequeña población, donde conocerá a un tipo con el que trabará algo más que amistad. Anand Tucker, responsable del biopic ‘Hilary y Jackie’, se encarga de la dirección de esta historia no apta para diabéticos cinematográficos.
Tenías que ser tú sigue los pasos de la decoradora Anna Brad, una mujer dispuesta a casarse con su pareja cueste lo que cueste. Cuando se entera de que una antigua tradición irlandesa permite a las mujeres pedir en matrimonio a sus novios el 29 de febrero, Anna decide seguir a su prometido, el cardiólogo Jeremy , de Boston a Dublín y dar el gran paso. Cuenta con el beneplácito de Jack, su rebelde y bienintencionado padre. Pero los aviones se retrasan, el tiempo hace de las suyas y la mala suerte se pone en marcha, dejando a Anna perdida al otro lado de Irlanda. No le queda más remedio que pedir ayuda al malhumorado y despreocupado Declan. Mientras Anna y Declan discuten cruzando la Isla Esmeralda, descubren que tienen más cosas en común que las que parecía a primera vista.
http://www.youtube.com/watch?v=7aQlfLGq0vk
Fuente | Universal