Con Wall Street. El dinero nunca duerme (o Wall Street 2), Oliver Stone tratará de retomar la senda del buen cine, aquella que abandonó cuando firmó Alejandro Magno o World Trade Center. Para lograrlo, se ha metido de lleno en la secuela de uno de sus trabajos más recordados, y ha contado con uno de los repartos más estelares de los últimos tiempos. Por el lado de los actores consagrados, tenemos a Michael Douglas, Charlie Sheen (ambos ya presentes en la primera parte), Frank Langella, Josh Brolin y Susan Sarandon. Y entre los jóvenes, Shia Labeouf, el héroe de Transformers, y la nominada al Oscar Carey Mulligan.
Veinte años después de Wall Street, esta secuela nos muestra al tiburón de las finanzas Gordon Gekko saliendo de la cárcel, tras haber cumplido condena durante todo ese tiempo. El mundo que dominó ahora lo ignora, y él trata de rehacer las relaciones con su hija, por lo que se alía con el novio de esta. El joven Jacob empieza a ver en Gordon a una especie de padre, hasta que descubre que lo que este busca no se parece en nada a la redención. Tras el salto el tráiler doblado al castellano.
La fecha de estreno de Wall Street. El dinero nunca duerme ha variado recientemente. En un principio estaba previsto que llegara a las pantallas en primavera, pero finalmente parece que lo hará en otoño.
![critica-the-lovely-bones[1]](http://antorchaplanet.com/wp-content/uploads/2010/02/critica-the-lovely-bones1.jpg)

La temática de las películas de Peter Jackson suele girar en torno a la irrupción de lo fantástico en la realidad reconocible. A nivel formal, el mayor problema consiste en insertar los trucajes y las imágenes de síntesis en un contexto al que no pertenecen. Desde el principio de su carrera, el realizador neozelandés ha tratado de dominar esta situación, tal y como el protagonista de Braindead intentaba dar un paseo por el parque a un enloquecido bebé zombi. Es curioso comprobar cómo el cambio radical que ha sufrido la posición de Jackson en la industria le permite resolver ahora las cosas de otra manera.
The lovely bones tiene un argumento que le permite a Jackson transitar por esa geografía irreal en la que tan cómodo se siente. Para crear el cielo de la joven asesinada Susie Q, el director se inspira en el surrealismo y sus asociaciones insólitas. Sin embargo, y aunque los efectos especiales no muestran síntomas de flaqueza, no son ni más impactantes ni más novedosos que los de Más allá de los sueños, aquella película de temática similar a esta, que protagonizó Robin Williamsy que pretendía crear mares de lágrimas en las mejillas del espectador.
La intención de Jackson también es esa en muchos momentos, y como en aquel caso, el objetivo no llega a cumplirse. Pero lo peor de The lovely bones no es el hecho de que no funcione como drama, sino lo poco que se ha parado a pensar Jackson en la dureza de la historia que está tratando y en sus matices éticos. A este cineasta lo que más le ha gustado siempre ha sido jugar, pero este juguete caro no tiene nada de divertido. Lejos queda una película como Criaturas celestiales, en la que el componente onírico complementaba una historia de personajes repletos de humanidad.
El único momento realmente brillante de The lovely bones llega casi al final de la película, y por supuesto incluye a la inquietante figura del asesino. A Jackson lo que mejor le funciona en esta caso es su mirada a lo tenebroso, que queda cristalizada en esa intensa y muy bien filmada secuencia de suspense, que precede a un desenlace que definiremos, por decirlo de una manera suave, como difícil de mirar. Tratar de emocionarnos por enésima vez con el Song to the siren de This mortal coil suena a algo demasiado poco creativo para alguien como Jackson.