
“An Education” es una cinta de corte independiente con acento inglés. Una historia que a pesar de lo convencional de su premisa consigue aportar frescura al género y atrapar al espectador hasta su desenlace, gracias a su ritmo y dinamismo.
En la película nos encontramos a una joven inglesa, en su último año de instituto, estudiante modelo y que apunta a Oxford, reflejo más de los sueños de su padre que de los propios. Pero todo cambia cuando conoce a un hombre que le muestra el mundo más allá de los libros de latín y clases de violonchelo.
Un mundo, quizás, más divertido y apasionante que le lleva a plantearse todo lo que había hecho hasta entonces y si merece la pena continuar con su rutinaria vida, centrada en el futuro y que apenas le permite disfrutar de lo que tiene delante. Es el despertar de una adolescente de un mundo que se le va quedando pequeño, para el que es demasiado madura, aunque inexperta fuera de él. Pero el querer convertirse en mujer demasiado pronto tiene sus consecuencias.
Una auténtica lección de vida que no sería lo mismo sin el gran reparto que lleva detrás, Alfred Molina, Olivia Williams, Rosamund Pike, Emma Thompson y la pareja protagonista: Peter Sarsgaard siempre excelente y al que ya le va tocando un papel a su medida y que le haga destacar, y la cuasi desconocida Carey Mulligan, que soporta el peso de la historia sobradamente.
Desde el momento que comienza la película nos damos cuenta que estamos delante de una película seria bastante interesante; donde los diálogos precisos y su excelente dirección artística predominan. Pero aún así no nos encontramos con un guión de otro mundo; nos encontramos con un guión simple, sin nada que no hayamos visto antes en una película. Pero algo sobre este guión si les aseguro y es que fue muy bien adaptado, trasladándote a un mundo refinado serio e interesante.
La realidad no se separa mucho, pero Lone Scherfig junto con la colaboración de una estupenda Carey rellenan la pantalla haciendo que sea mucho más que eso.
Madurar es una consecuencia de vivir y por eso todos los personajes del filme beben de esta afirmación en mayor o menor medida. An Education conforma una cinta brillante con un guión perfectamente hilvanado y unas interpretaciones inmejorables.
Este pastel británico tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las joyas cinematográficas de lo que va de año. Digna de ver y disfrutar, al menos por esas escenas al estilo Audrey Hepburn, donde Carey tan bien luce.
Foto: Noh Way
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Hay un motivo esencial por el que una película como An education puede disgustar a ciertos sectores de la crítica. Se trata de la renuncia de sus creadores a aquello que los había convertido en autores, en pos de una obra que no brilla especialmente por su personalidad. Sin embargo, habría que preguntarse si en algunas ocasiones no es conveniente una ración de este cine impersonal y de qualité.
Vayamos por partes. Lone Scherfig, la realizadora de An education, comenzó su carrera con Italiano para principiantes, una curiosa película que trataba de arrastrar el romanticismo al interior de los límites del movimiento Dogma ’95, que también había acogido algo tan opuesto como Los idiotas, de Lars von Trier. Era difícil imaginar que en un periodo inferior a diez años, la directora danesa iba a acabar rodando una película en la que la música, la fotografía y una aplicación muy tradicional de la interpretación serían absolutamente relevantes.
Sobre Nick Hornby, escritor reconvertido en guionista para este proyecto, puede existir un cierto desacuerdo, ya que hay quien opina que sus novelas están ancladas en los sentimientos de la adolescencia. Yo no concuerdo en absoluto con ese pensamiento, y de hecho creo que Hornby es uno de los autores que mejor describe actualmente a los perdedores, a los no correspondidos en el amor. Y todo ello con una encantadora melomanía, que se dejó sentir en Alta fidelidad y en la adaptación al cine que de ella realizara Stephen Frears.
Pero tampoco hay casi rastro de los elementos que hacen de Hornby un autor durante la mayor parte del metraje. Si nos empeñamos, podemos encontrarnos al escritor en el joven Graham, el chico enamorado de la protagonista que ignora la relación que esta mantiene con un hombre que le dobla la edad. Pero el foco jamás se centra en él, limitándose la función de Hornby a la del mero guionista al servicio de una película funcional. La educación tradicional que en última instancia defiende el film parece haber corrompido a sus autores, obligándoles a renunciar a su propia voz.
Dicho todo lo cual, An education es una obra absolutamente deliciosa y disfrutable, por razones mucho más sencillas que las autorales. Me quedo con la voz de Juliette Gréco mientras los enamorados recorren los emblemáticos lugares de París, con esos diálogos tan bien escritos (y que no se estilan demasiado en el cine actual), y con la luminosa presencia de Carey Mulligan, auténtica revelación del evento. A pesar de los pesares, me quedo con An education.